Tejiendo palabras I : Moby Dick

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Carola

“Yo era el asistente o criado de Queequeg, ocupado en la estera. Mientras pasaba y repasaba el relleno o trama de merlín entre los largos hilos de la urdimbre, usando mi propia mano como lanzadera, y mientras Queequeg puesto de medio lado, de vez en cuando deslizaba su pesado sable de encina entre los hilos, y apartando la mirada ociosamente hacia el agua, descuidado y sin pensar, llevaba a su sitio cada hilo, digo que tan extraño aire de sueño reinaba entonces sobre el barco y sobre todo el mar, sólo roto por el sonido sordo e intermitente del sable, que parecía que aquello fuera el Telar del Tiempo, y yo mismo fuera una lanzadera tejiendo y tejiendo los Hados. Allí estaban los hilos fijos de la urdimbre, sujetos a una única vibración insistente e inalterable, y esa vibración era meramente suficiente para dejar pasar la mezcla entrecruzada de otros hilos con el suyo propio. Esta urdimbre parecía la Necesidad; y aquí, pensaba yo, con mi propia mano paso mi lanzadera y tejo mi destino entre estos hilos inalterables. Mientras tanto, el indiferente e impulsivo sable de Queequeg, a veces golpeando la trama de medio lado, o torcido, o fuerte, o débil, según fuera el caso, y produciendo, con esa indiferencia en el golpe conclusivo, un contraste correspondiente en el aspecto final del tejido terminado; el sable de este salvaje, pensaba yo, que así da forma final y contextura tanto a la urdimbre como a la trama, ese tranquilo e indiferente sable debe de ser el Azar: sí, el azar, el libre albedrío, y la necesidad; de ningún modo incompatibles, sino trabajando juntos y entretejidos. La recta trama de la necesidad, que no se ha de desviar de su curso definitivo; pues cada una de sus vibraciones alternantes, en efecto, sólo tiende a esto: el libre albedrío, todavía libre para pasar la lanzadera entre los hilos; y el azar, aunque sujeto en su juego a las líneas rectas de la necesidad, y dirigido lateralmente en sus movimientos por la libre voluntad, aun así prescrito por ambos, los va dirigiendo alternativamente, y da a los acontecimientos el último golpe configurador.

Así tejíamos y tejíamos cuando me sobresalté ante un sonido tan extraño, prolongado y musicalmente salvaje y sobreterrenal, que cayó de mi mano el ovillo de libre albedrío, y me quedé mirando a las nubes de donde bajaba esa voz como un ala.”

Herman melville, Moby Dick.

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